Papá pesqué.

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Hace unos años atrás salimos Valeria y nuestro hijo Tomás a disfrutar de su primera temporada de pesca con mosca. Tenía sólo 6 años y mi objetivo era lograr que clavara una trucha tan pronto como sea posible. La poca paciencia de los niños me jugaba en contra. Cada lanzamiento que las truchas no tomaban, mermaba las posibilidades de que se entusiasmara con este deporte…

El primer tiro fue un pequeño desastre. La mosca se estrelló literalmente en el agua. El segundo intento mejoró, aunque no logró seducir a los peces. Pero en el tercero, escuché su grito de guerra mientras terminaba de armar mi equipo.

-¡Papá pesqué!- se escuchó a viva voz, y desde ese momento nunca más dejamos de pescar juntos en los ríos y lagos de la Patagonia.

De esta experiencia nació nuestro séptimo libro titulado Papá pesqué, que cuenta las anécdotas de ese viaje. Aquí compartimos una de aquellas aventuras. ¡A disfrutarla!

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La felicidad se instala en nuestros rostros. Una trucha salta en la margen opuesta y apura el próximo intento. Le dejo unas cuantas indicaciones a Tomás y me libero para hacer mis primeros tiros. El chillido agudo del reel liberando línea, dispara la adrenalina por todo el cuerpo mientras la caddis blanca se deposita sobre la superficie del agua. El momento es fantástico y mientras la cola de ratón corta el aire con ese sonido que se apaga cuando gana distancia, el placer invade todo mi cuerpo. Son esos momentos en los cuales uno logra estar en armonía con el entorno. La concentración en un punto sobre el río, la precisión de cada movimiento, estar alerta a cada indicio sobre la superficie del agua para depositar en el lugar preciso, esa mosca atada con tanta expectativa unos días antes de salir.

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Una suave brisa bambolea las ramas de los sauces con un susurro secreto. El aire se impregna del aroma húmedo de río que baja a los saltos desde los picos de la cordillera. Mi caddis blanca navega dócil sobre el agua mientras la fuerza de la correntada la arrastra y extiende la línea a toda velocidad. Pasa junto a aquel lugar en donde vimos saltar a la trucha que quizás haya subido a curiosearla sin dejarse ver todavía. Atraviesa una exigua corredera y se aproxima a la orilla en donde apacigua la expectativa de un buen pique y se distiende ese momento de concentración suprema que demanda el arrastre sobre el río. De pronto me paralizo. Un escalofrío recorre todo mi cuerpo. Un torrente de adrenalina se dispara y acelera las pulsaciones.

-¡Papá pesqué!– escucho que grita Tomás y al darme vuelta, veo su caña arqueada por una peleadora arco iris. Con un espectacular salto fuera del agua, deja ver todo su cuerpo brillante con tonos rojizos, amarillentos y verdosos.

 -¿La viste papá?- grita entusiasmado.
-¡Sí!- le digo mientras abandono definitivamente mi equipo en la playa y corro a su encuentro.

Desde el otro lado y alertada por el alboroto, llega Valeria que prepara alocadamente la cámara de fotos. El pique se produjo al final de la corredera. Tomás trabaja con el reel para acercarla y deja escapar algo de línea cuando la trucha responde con sus típicos cabezazos. En esos momentos la vara se dobla y reproduce en su extremo más delgado, los tirones ejecutados debajo del agua. Esa energía se transmite a lo largo de la caña hasta sus manos y festeja con una sonrisa cada tironeo en busca de una mirada cómplice. Tenemos una adversaria formidable. Sin intensiones de rendirse, da batalla con otros dos saltos fuera del agua. Varios minutos demanda la lucha para medir fuerzas y astucia antes de poder arrimarla a la orilla. Vadeamos el río hasta encontrar un lugar que nos permita tomar el pez sin sacarlo del agua.

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Cuando la acercarnos, vemos a un hermoso ejemplar de más de medio kilo con la mosca negra clavada en su boca. Hacemos unas cuantas fotografías y le quitamos el anzuelo. Es un buen porte para esta zona alejada de la cordillera, peleadora, con mucha energía y en muy buen estado físico. Está algo cansada y Tomás la toma delicadamente de la cola para oxigenarla. La ubica contra la corriente para que el agua fresca fluya por sus branquias. Se libera a prisa y nada con cautela los primeros metros hasta desaparecer en el río tan rápido como la pescamos.

*de nuestro libro Papá pesqué.

Podés comprar el libro online o contrareembolso.

Muy pronto una nueva aventura!

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