El libro La Trochita aplaudido por los ferroviarios.

trochita-tyc“Quiero agradecerte por escribir el libro. Le diste 10 años más de vida a mi papá”. Raul Zaratiegui, hijo del maquinista Nils Zaratiegui de 80 años, jubilado de La Trochita.

El Maitén, Patagonia Argentina, 2/2013.
Recién llegados, luego de hacer más de 100 kilómetros de ripio y polvo suelto en la línea de cenizas esparcidas por el volcán Puyehue, nos encontramos con este amigo con quien nos debíamos un gran abrazo…

Raul es hijo de uno de los maquinistas más emblemáticos de La Trochita. Su padre es el inspirador del capítulo “Dicen los pobladores”, en el cual se cuentan historias verídicas relatadas por los personajes que fuimos encontrando a lo largo de todo el ramal. Muchas de sus propias anécdotas están citadas con lujo de detalle, una descripción minuciosa a través de su privilegiada memoria y el sonido de sus palabras que perduran en nuestras mentes.

P2090202Nils fue uno de los primeros ferroviarios en dar con el libro La Trochita. Queríamos darle la sorpresa de llevárselo personalmente, pero este viejo zorro nos ganó de mano y tuvimos que contentarnos con hablar por teléfono durante un buen rato, para escuchar de primera mano las felicitaciones por los 4 años de trabajo invertidos en este libro. El encuentro en persona se concretó a fin de año en su casa de El Maitén, junto con su esposa Mabel. Ese día la charla detuvo el tiempo y las emociones llenaron la sala de más anécdotas, cuentos, relatos de cómo se hizo el libro y halagos por parte de esta hermosa familia patagónica.

P2050360Otro ferroviario gratamente sorprendido fue Carlitos Kmet, histórico Jefe de taller de reparaciones generales del ramal. A este amigo lo agarramos reparando la bicicleta de un niño vecino en el taller de su casa. Su sonrisa al venos llegar fue todo lo que necesitábamos para saber que eramos bienvenidos. A este personaje le ganamos de mano. Carlitos no estaba enterado de la edición del libro pero se acordaba perfectamente de nuestro trabajo. Cuando lo vio se le iluminaron los ojos. Lo tomó inmediatamente entre sus manos engrasadas y lo hojeó de punta a punta desestimando la posibilidad de agregarle alguna mancha más de grasa a sus páginas. ¿A quién no le gustaría hacerse de ese ejemplar único con las huellas de sus manos laboriosas y sabias?

Enseguida nos invitó a pasar a su casa. Allí le mostramos la otra edición de La Trochita, un libro más grande, de tapa dura impreso a color, con textos bilingües, del cual tenemos un sólo ejemplar que usamos para buscar financiación para su impresión (si sabés de alguien que nos pueda ayudar…). Pasó las hojas una por una indicando de qué lugar era cada fotografía, aprobando los datos técnicos y leyendo sus propias palabras en el capítulo sobre “Los talleres”. Se detuvo especialmente en la infografía de la locomotora para repasar los 16 textos que describen el funcionamiento de una máquina a vapor. En cada punto demoraba varios minutos observando detenidamente que cada detalle del dibujo concordara con lo que se estaba diciendo. Al cabo de un buen rato levantó la vista y preguntó: “¿De dónde sacaste todos estos datos? La descripción es excelente”. ¡Aprobado, y nada menos que por Carlitos Kmet!

P2050284Y si hablamos de escritores, por las calles de El Maitén se pasea Edmundo Jios, un maquinista de aquella época que además es escritor de un libro sobre su tierra. Cuando se enteró de que estábamos de visita en su pueblo, su hospitalidad fue más fuerte que la siesta para conversar durante horas sobre nuestros libros con una ronda de mates cebados por su mujer Lela. Con su vozarrón grave y su imponente contextura física, reparte abrazos y agradecimientos por “venirnos desde otras tierras a escribir con tanta seriedad y profesionalismo sobre nuestra Trochita”.

Unos días más tarde llegábamos a Río Chico, el poblado más aislado del ramal a más de 100 kilómetros de la civilización. Allí viven unos 400 habitantes diseminados entre las chacras y las 10 cuadras que demora el pueblo en perderse nuevamente en la estepa patagónica. Ibamos en busca de José Basilio Kobryn, un personaje esquivo pero entrañable al que le pudimos sacar palabras gracias a la aventura de grabarlo de incógnito cada vez que se acercaba a contarnos algo sobre el trencito. Lo despertamos la mañana de año nuevo en su casa de durmientes junto a las vías. Nos reconoció al instante y señaló el lugar exacto de nuestro último encuentro recordando que teníamos intensiones de escribir un libro. Cuando se lo obsequiamos lo tomó entre sus manos, lo hojeó lentamente y lo abrazó contra su corazón. Supimos inmediatamente que habíamos hecho un buen trabajo. Unos días más tarde nos contó: “Mi hijo no es lector sólo leyó algunas partes, pero cuando llegó al final se puso a llorar. Eso para mi es un gran orgullo”.  Su historia de vida cierra nuestro libro de La Trochita.

Si querés saber más acerca de éste libro o si querés tener el tuyo hacé clic aquí

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