Cómo se escribió el libro “Una vuelta por la Patagonia”.

una vuelta por la patagonia - tyc bajaUna vuelta por la Patagonia es el diario de un viaje que hicimos desde Buenos Aires hasta Ushuaia recorriendo 10.000 kilómetros por la estepa y las montañas patagónicas. Pero lo que hace especial a este libro, es que su autor es nuestro hijo Tomás con tan sólo 10 años. ¿Leíste alguna vez un libro escrito por un niño de 10 años? Acá tenés una buena oportunidad para hacerlo…

Viajábamos los primeros días del mes de septiembre con rumbo sur, inmersos en un amanecer que despifarraba sus colores contra las nubes cuando Tomás se despertó en la camioneta y preguntó:
-¿Quién va a escribir el diario de este viaje?
-No sé-, le respondí. -Yo quiero terminar el libro de La Trochita que ya lleva 4 años de trabajo y falta muy poquito para editarlo.
-Bueno, entonces yo voy a escribirlo.

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La noticia nos sorprendió y nos alegró gratamente y como suele pasar con los adultos, lo primero que nos preguntamos es si lograría tener la constancia para hacerlo durante los 20 días de viaje. En cambio para Tomás, un niño de 10 años, ese era el menor de los problemas. Los chicos no piensan con tanta planificación, simplemente se proponen algo y lo hacen. De modo que analizó la situación y siguió preguntando.

-¿Cómo tengo que hacer para escribir un diario de viaje?
-Bueno, yo viajo con un cuaderno chiquito en donde voy anotando todo lo que pasa durante el día y a la noche lo paso a la computadora y lo redacto.
-¿Qué quiere decir “lo redacto”?
-Que le doy forma, agrego cosas, cuento con más detalle lo que nos pasó durante el día.
-Ah, bueno, entonces voy a usar este cuaderno para ir anotando.

Ese día desandamos los primeros 1400 kilómetros desde Buenos Aires a Puerto Madryn mientras Tomás llenaba la primera hoja de su cuaderno. Por la noche, cumplió con su trabajo de pasarla a la compu y completar los detalles que faltaban mientras tomábamos un helado sobre la arena tibia de la playa.

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Al día siguiente todos supimos que venía en serio el asunto. Por la mañana nos distrajimos un rato con las ballenas, pero en cuanto subimos a la camioneta, Tomás empezó a escribir la siguiente página de su cuaderno. Todos los días, encontraba algún momento libre para dejar asentados los apuntes que por la noche se transformaban en un nuevo capítulo de su libro. A veces, adelantaba la redacción mientras viajábamos de un punto a otro, siempre con su cuaderno al lado para no olvidarse de ningún detalle. Su constancia es digna de admirar y a nosotros nos llenó de satisfacción.

Un día llegamos hasta el Fin del Mundo. Ushuaia, la ciudad más austral del continente, nos recibió con mucha nieve y tuvimos que ponerle las cadenas a la camioneta. Esto, junto a los deslizamientos por las laderas de nieve sobre una cámara de auto, entusiasmaron a Tomás que amplió sus descripciones tomándose más tiempo para redactarlas. Regresamos por la mítica Ruta 40 entrometiéndonos entre las montañas de la Cordillera de los Andes y en ese tramo, describió con lujo de detalles cada sitio visitado con su visión tan particular de las cosas, contando situaciones que solemos pasar por alto los adultos y hasta poniéndole un toque de humor a sus palabras.

Cuando llegamos a nuestra casa, anunció que había terminado su libro y que quería editarlo y presentarlo “como lo hace papá”, en la Feria del Libro de Buenos Aires. Entonces tomamos el borrador del viaje y volvimos a leerlo. Teníamos entre manos un texto muy bueno y de gran interés para editar un libro. Sus palabras fueron escritas desde la visión de un chico de 10 años, que pone su interés en cosas diferentes a las que le interesan a un adulto. De modo que al releerlo, viajamos por los mismos lugares pero sintiéndonos nuevamente como un niño.

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Un nuevo desafío nos esperaba a toda la familia. Para poder editarlo, era necesario hacer una corrección ortográfica sin intervenir ni modificar el texto original. Era necesario que Tomás se pusiera a trabajar otra vez en el libro, pero ¿cómo hacer para captar la atención de un chico ansioso por jugar con sus amigos? Y fue él quien nuevamente propuso la solución.

-Vos papá, corregime las faltas de ortografía y marcame con verde cuando haya una frase que no se entienda.
-¿Y vos que vas a hacer?
– A la noche, yo te voy a dictar lo que tenés que escribir y vos lo tipeas en la compu.
-Bueno, pero tiene que ser con tus palabras porque yo no puedo tocar el texto.
-Dale, me parece bien.

Durante los siguientes 3 meses, toda la familia estaría inmersa en la faraónica tarea de motivar a Tomás para que avance con su corrección. Todas las noches después de la cena, papá tipeaba, mamá ayudaba y Tomás rezongaba. Pero avanzábamos a paso firme con mucho esfuerzo y perseverancia para terminar el nuevo libro de viaje. Otro mes se nos iría en la selección de fotos y en dar con un buen nombre para el libro. Siempre dijimos sobre este viaje, que daríamos lavuelta a la Patagonia y por allí vendría el título. Las fotos de tapa y contratapa aparecieron de repente cuando los tres coincidimos en cada imagen.

Para Semana Santa ya contábamos con un borrador terminado, y la apertura de la Feria del Libro a menos de un mes de distancia. Si queríamos estar presentes debíamos apurar el paso. Viajamos a San Martín de los Andes invitados por unos amigos para cerrar la temporada de pesca con mosca y aprovechamos para hacer un último repaso de los textos. Una noche alguien preguntó quién escribiría el prólogo. En realidad no sería uno sino dos prólogos que ya estaban en proceso de redacción por ambos padres; lo más difícil era poner en palabras los sentimientos que nos despertaba el lanzamiento del primer libro de nuestro hijo Tomás. Finalmente entramos a imprenta y el mismo día de la apertura de la Feria del Libro de Buenos Aires, llegaban los ejemplares al stand de nuestro distribuidor quien ya tenía un par de personas esperando por la novedad.

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Los 7 meses de trabajo que demandó el libro, fueron una experiencia inolvidable para toda la familia. Para Tomás fue un gran aprendizaje en donde el esfuerzo, la constancia y la voluntad para cumplir con una meta a largo plazo, contrastan notablemente con este tiempo en donde todo es inmediato y efímero. Para nosotros fue un gran trabajo de motivación, paciencia y esfuerzo para apoyar un proyecto ambicioso y de gran envergadura para la edad de nuestro hijo.

El libro se presentó en la Feria del Libro de Buenos Aires en 2011 agotando su primera edición en tan sólo 20 días. Cuenta con 182 páginas, más de 100 fotografías y va por su tercera edición. Fue objeto de notas en distintos medios gráficos y radiales, presentaciones de librerías, colegios y centros culturales y es hoy uno de los libros más importantes de Libros de viaje.

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