Viajar, incluso antes de salir de viaje.

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publicado en Identidad Austral.

Cuando decidimos salir de viaje, lo primero que hacemos es desplegar los mapas sobre una gran mesa baja de madera rústica que está junto al fogón de nuestra casa. Si hace frío mejor, porque los leños encendidos calientan el lugar y largan ese olorcito a madera quemada que perfuma todo el ambiente. Si se hace de noche, lo que sucede a menudo porque nos distraemos siguiendo esos caminos que se diluyen en el interior de la Patagonia, las mismas llamas van tiñendo la oscuridad con una cálida luz que se mueve al compás del humo que se escapa por la chimenea…

Los mapas son elementos fantásticos. Al desplegarlos, se abre un mundo entero frente a nosotros; un cuadro magnífico que mira desde el aire aquello que sucede sobre la tierra. Hablan a través de sus líneas, sus colores, sus relieves, sus palabras, sus números de ruta, los kilómetros en rojo, sus ríos y sus lagos, los puntos cardinales que se acercan a la cordillera o se dejan mojar por el agua salada de los mares. Y lo cuentan de tal forma que es posible emocionarse. Despiertan sentimientos y sensaciones de viaje.

Permiten ver el escenario completo, la arena misma en dónde se desarrollará la acción. Se pueden sobrevolar de un pantallazo los valles, los cerros, las mesetas y las pampas para descubrir el mundo que nos espera a los lados del camino. Las distancias, el tamaño de las poblaciones o en dónde hay vida en medio de la estepa, tienen asignado un dibujito que nos invita a ir por él, a husmear en ese territorio desconocido para encontrarnos con la aventura y el placer de llegar a ese lugar desconocido.

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El acontecimiento moviliza a toda la familia. Valeria, Tomás y yo nos sentamos uno frente al otro en busca del próximo destino. Nuestro perro disfruta el momento acomodando su vida debajo de la mesa. Le gusta estar cerca de lo que se habla para mantenerse informado de nuestras intenciones.

Los dedos recorren los caminos para descubrir el itinerario a seguir y cada uno quiere ir para su lado. En algo estamos todos de acuerdo; tomar por caminos alternativos hacia los lugares menos conocidos, en donde es posible conectarse con lo autóctono y lo auténtico de cada región. Puede ser un pueblo, una estancia, una aldea, el puesto fronterizo de gendarmería, el dato de un buen lugar de pesca, un volcán que haya despertado y este humeando o la invitación de un buen amigo a comer un cordero.

Si hay que vadear algún río mejor, eso nos gusta mucho, aunque siempre se sienten cosquillas en la panza hasta llegar al otro lado, sobre todo cuando la correntada empuja fuerte contra las puertas de la camioneta para intentar llevarla río abajo. Si encontramos caminos de tierra o ripio los estudiamos a fondo para saber con qué obstáculos nos encontraremos. Cuando están embarrados son toda una aventura. Nuestra camioneta está preparada para afrontar distintas dificultades del terreno y lo hemos comprobado. Más de una vez nos hemos encajado, incluso dentro de un río cargado con el agua de una tormenta reciente. Pero es así como comienza la aventura en la Patagonia.

Somos Ezequiel, Valeria, Tomás y nuestro perro Otto.
Somos Libros de viaje / Lanas de viaje.
Te esperamos.

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