200.000 kilómetros de Patagonia.

Comienzo de la ruta 40
publicado en Identidad Austral.

Durante una entrevista en una radio de El Maitén, nos preguntaron cuántos kilómetros llevamos recorridos por la Patagonia y caímos en la cuenta de que no tenemos un registro exacto de esto. De modo que tuvimos que improvisar para satisfacer la curiosidad de nuestro interlocutor. Para evitar un bache, lo fuimos calculando en voz alta: cada uno de nuestros viajes tiene un mínimo de 5.000 kilómetros y en muchos casos hemos superado los 10.000. Podríamos tomar un promedio de 7.000 kilómetros que multiplicado por más de 30 viajes nos da una distancia superior a los 200.000 kilómetros recorridos por la Patagonia…

Nosotros mismos nos sorprendimos al escuchar esa cifra que de sólo verla escrita, produce escalofríos. Lo primero que pensamos es que la pequeña brújula flotante que nos acompaña en cada viaje sobre el tablero de la camioneta, también suma miles y miles de vueltas cada vez que la obligamos a reorientarse en una curva. Sin cansarse y con un suave bamboleo que se acomoda a los desniveles de la ruta, nos va marcando el rumbo a toda hora. Sólo se detiene si nosotros lo hacemos.

Gran parte de este recorrido lo hicimos por rutas provinciales, caminos secundarios y hasta huellas que atraviesan estancias, desde el río Colorado hasta los confines de Tierra del Fuego. Me acuerdo cuando cruzamos la isla desde el pueblito chileno El Porvenir hasta la frontera con Argentina en San Sebastián, por un camino de ripio en dirección hacia donde amanece el sol. Estaba nublado y cada tanto el cielo dejaba caer algunas gotas de lluvia. En cuanto nos alejamos del pueblo, pusimos rumbo hacia el Estrecho de Magallanes para bordear la orilla del mar y salpicarnos de la espuma blanca de las olas.

Lo más sorprendente es la inmensidad que uno siente en esos lugares. Los mapas muestran cientos de kilómetros sin un atisbo de vida humana y la mente es consciente del aislamiento en el que uno se encuentra. Por más de 100 kilómetros no cruzamos paisano alguno. Sin embargo la vida se manifestó por todas partes a través de sus animales, pájaros y plantas. Aquí la libertad es absoluta. Se puede detener la camioneta en medio de la nada para contemplar el paisaje infinito, sentir el viento frío en la cara o saborear el aire puro de las montañas.

El corte blanco.

Esto es Patagonia. Una tierra de extremos y contrastes en donde las montañas se elevan colosales interrumpiendo el horizonte y obligando a los caminos a contorsionarse para abrirse paso hacia su próximo destino. Camino al Cerro Tronador nos mareamos en un tobogán de subidas y bajadas con la expectativa de asomarnos en cada curva a observar las sorpresas que depara el destino. Lo mágico de estos caminos de cornisa, a veces tan estrechos que cabe un sólo vehículo a la vez, es la ausencia del horizonte. A cambio, uno avanza custodiado por enormes paredones de roca sólida y vertiginosos precipicios que conforman un intrincado laberinto. Cuando finalmente se abre la montaña y una amplia pampa de altura se despereza frente nosotros anticipándose al imponente Tronador, la emoción que invade todo el cuerpo hace olvidar por un instante aquellos momentos en vilo en el interior de las paredes eternas.

Estos soberbios precipicios se suavizan a medida que uno avanza hacia el este.  El viento que baja atolondrado de las montañas, logró erosionar con años de paciencia, la roca que hace miles de años se elevaba al infinito, para formar eternas mesetas que encadenan horizontes en los 4 puntos cardinales. Transitar por los caminos interminables de las provincias de Santa Cruz y Chubut, nos mostró aquella Patagonia auténtica de los pioneros que se animaron a desafiarla, internándose en la estepa hasta conseguir la libertad que venían buscando. Tierra de leyendas y aventuras dispersas en cada rincón por donde uno pasa. El boliche solitario de La Leona, aquel hotel de Bajo Caracoles o la legendaria estancia Las Tunas junto al lago Cardiel, relatan la historia viva de la Patagonia en cada una de sus paredes, sus carros, sus tranqueras, sus petates y no faltará gaucho patagónico que suelte la palabra a quien se muestre interesado en recibirla.

Todo esto es Patagonia. Una tierra sembrada por el ripio, las historias y leyendas, el viento helado, su gente de carácter curtida por el tiempo, animales y plantas resistentes, horizontes y recovecos a cada instante, y nosotros solamente hemos recorrido poco más de 200.000 kilómetros.

Somos Ezequiel, Valeria, Tomás y nuestro perro Otto.

Somos Libros de viaje / Lanas de viaje.
Te esperamos.

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